Título: Paul en Quebec

Autor: Michel Rabagliati

Editorial: Astiberri

Páginas: 192 (Blanco y Negro)

ISBN: 978-84-15163-95-4

Formato: 17,5 x 24,3 . Rústica con solapas.

Precio: 18,00 euros

 

Tras dedicarse profesionalmente al diseño gráfico y a la ilustración, el canadiense Michel Rabagliati irrumpe en los tebeos a finales de los 90 con la serie sobre Paul, su gemelo en el mundo de las viñetas, un personaje que no ha dejado desde entonces y del que ya lleva escritos siete libros, con el que se ha ganado el respeto y la admiración de crítica y público. Un anterior álbum suyo, Paul va de pesca, ya fue recomendado por Zona Cómic en febrero de 2012, y Paul en Quebec, el libro que hoy nos ocupa, ganó el Premio del Público 2010 en Angoulême.

El mérito de Rabagliati es aún mayor si tenemos en cuenta que en un panorama tebeístico como el actual, dominado por historias repletas de acción, llenas de colorido y de dibujo hiperrealista, ha conseguido hacerse hueco con historias cotidianas, sutiles fragmentos vitales dibujados con una linea simple, clara, caricaturesca y con cierto aire retro, y con un estilo propio y reconocible de marcada influencia francobelga. Sin tratarse de una autobiografía propiamente dicha, las aventuras de Paul le sirven a Rabagliati para plasmar, no sin cierta licencia, sus propias vivencias personales, pequeños momentos cotidianos y de transición vital (la adolescencia, la paternidad, la vida en pareja) en los que cualquiera de nosotros nos podemos ver reflejados.

Paul en Quebec no es una excepción. En esta ocasión, a través de la figura del suegro de Paul, el autor se enfrenta a un tema espinoso como es el de la enfermedad y la muerte de un ser querido, y de cómo ésta nos afecta tanto a nosotros como a nuestro entorno. Y el principal mérito es que lo aborda de una manera llana y sencilla, sin abusar de la lírica, siendo sensible sin caer en la sensiblería, de una manera clara y directa sin ser escabroso ni especialmente dramático. Intercala además en el relato todo tipo de pequeñas historias, la mayoría divertidas sin ser ridículas, aparentemente ajenas y sin conexión con la trama principal, pero que sirven para darle mayor veracidad a la historia, ya que la vida en si misma no deja de ser una sucesión de anécdotas y el acto de morir, aunque sea la última, es sólo una más. Así es como lo entiende y nos lo narra Rabagliati, de una forma cotidiana y natural, pues al fin y al cabo la muerte forma parte de nuestra naturaleza, y aceptarla como tal nos define como humanos.